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No. 63/64 - Enero/Febrero 1997

La CIA apoyó a la "contra" con venta de crack

Un diario de Estados Unidos reveló cómo la CIA colaboró con un empresario nicaragüense para vender crack a la comunidad negra de Los Angeles con el fin de recaudar fondos para la "contra".

Una investigación periodística de un año de duración reveló que la cocaína en su forma "crack" era prácticamente desconocida en Estados Unidos hasta que la CIA se asoció con el empresario nicaragüense Danilo Blandon para introducir la droga en las comunidades afroestadounidenses de Los Angeles, y el acuerdo contribuyó a financiar la guerra contra el gobierno sandinista. Actualmente Blandon reside cómodamente en Managua, aún recibe una remuneración del gobierno estadounidense y se ocupa de recuperar sus propiedades confiscadas. Mientras, las cárceles de Estados Unidos están atestadas de negros condenados por delitos relacionados con drogas.
El empresario, la CIA, el crack y los contras

Tras un año de investigación, el diario The San Jose Mercury News de California publicó un informe en tres partes sobre la forma en que Estados Unidos financió la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua creando la industria de la cocaína-crack en Los Angeles.

Gary Webb, autor del informe, calificó la conexión como ''una de las alianzas más extrañas de la historia moderna: la unión de gángsters de Los Angeles con un ejército respaldado por Estados Unidos que intentaba derrocar un gobierno revolucionario socialista". Si esta alianza es o no más extraña que la formada entre el gobierno estadounidense y sus socios comerciales que crearon y respaldaron el régimen de Anastasio Somoza, derrocado por la revolución sandinista en 1979, es una cuestión opinable. Pero las dimensiones de la empresa y sus consecuencias para ambas culturas fueron igualmente devastadoras.

La historia comienza el 19 de junio de 1979, con la llegada a California de Oscar Danilo Blandon Reyes. Blandon, perteneciente a la clase alta de Nicaragua, era un funcionario de rango menor en el gobierno de Somoza, pero su habilidad y experiencia eran exactamente las necesarias para la carrera que estaba a punto de lanzar, ya que tenía un título en marketing y su cargo en el gobierno era el de director de mercados mayoristas.

Luego de trabajar en Los Angeles algún tiempo y de reunirse con otros exiliados somocistas para discutir formas de regresar al país, finalmente fue contactado por un viejo amigo y socio comercial del principal colaborador militar de Somoza, el general Gustavo Medina, apodado ''el Tigre''. De acuerdo con un informe del Departamento de Libertad Condicional de Estados Unidos citado en el artículo periodístico, Blandon había comenzado a utilizar su habilidad empresarial con el fin de recaudar fondos para la contra mediante el tráfico de drogas, luego de intentarlo infructuosamente por medios legales como campañas y fiestas.

El amigo lo puso en contacto con Juan Norwin Meneses Cantarero, quien a su vez lo presentó al coronel Enrique Bermúdez, el hombre contratado por la CIA en 1980 para organizar a los contras. El problema de Bermúdez era que, aunque él personalmente tenía buenas reservas económicas y las mantuvo hasta su asesinato en 1991, el gobierno de Ronald Reagan sólo había autorizado 19,9 millones de dólares para la guerra, suma insuficiente para contrarrestar la revolución sandinista.

Fue tras este encuentro que Blandon entró en el negocio de la cocaína con Meneses, quien aparentemente fue admitido en Estados Unidos para ese mismo propósito, dado que las autoridades tenían sobradas pruebas de que se trataba de un narcotraficante. En ese momento, Meneses era investigado por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA).

Es en ese punto que entran en juego la perspicacia y la experiencia empresarial de Blandon. Se ha creado el mito, particularmente en los medios, de que las drogas llegan del productor al consumidor por un misterioso proceso llamado "tráfico". Pero el trabajo de Webb demuestra que el comercio de la droga requiere desarrollo de la producción, análisis de mercado, facilitación del gobierno y estrategias de marketing. La investigación aclara que la industria de la droga es obra de empresarios, y no de demonios.

En el caso de Blandon, Meneses lo instruyó en el negocio y luego le dio dos kilogramos de cocaína para ver qué podía hacer, pero no pudo hacer mucho. En ese momento, la cocaína era la droga elegida por una pequeña élite capaz de pagar su alto precio. Era obvio que ese no era el objetivo y el desafío consistía en desarrollar un producto de menor costo para consumo masivo. Ese producto era el crack, un derivado de la cocaína mucho más poderoso que ésta, que podía venderse en pequeñas cantidades a precios razonables. Blandon realizó un gran golpe de mercado al encontrar una forma de vender la droga más cara del mundo a la gente más pobre de Estados Unidos, en particular a los jóvenes de la comunidad negra.

Además, Blandon había encontrado la clave para financiar la guerra de la contra. De acuerdo con su propio testimonio, al poco tiempo ya vendía 100 kilogramos por semana a su distribuidor. El empresario deseaba asegurar un suministro rápido del producto a precios competitivos, de forma de continuar siendo el líder indiscutido de la próspera industria, y para ese fin necesitaba al gobierno de Estados Unidos. Así, se hicieron los arreglos necesarios para que la fuerza aérea de El Salvador transportara la cocaína directamente de Colombia a una base de la fuerza aérea estadounidense en Texas.

Para 1994, el gobierno de Estados Unidos había encontrado otras formas de financiar su guerra. Blandon y sus socios ya no eran necesarios, de modo que el nicaragüense fue a la cárcel, pero no por mucho tiempo. Actualmente, según el informe de The Mercury News, vive muy cómodo en su casa de Nicaragua, empleado como consultor de la DEA, cargo por el cual recibió 166.000 dólares en los últimos 18 meses. También se ocupa, con el apoyo de Washington, de recuperar los bienes familiares confiscados por el gobierno sandinista.

Escepticismo generalizado

El resultado de las acciones de Blandon en Estados Unidos fue un desastre social. Un número desproporcionado de jóvenes negros fueron encarcelados por delitos relacionados con el crack. Quizá la industria se hubiera desarrollado sin Blandon, pero lo común a la cultura estadounidense y nicaragüense es el escepticismo sobre la publicitada guerra del gobierno de Estados Unidos contra las drogas.

Los enemigos de la droga en Nicaragua sufrieron una humillante derrota el pasado 16 de agosto, en la región atlántica de Bluefields, cuando un jurado local absolvió a seis pescadores acusados de narcotráfico, en lo que la prensa local había calificado como ''el juicio del siglo". Los seis hombres fueron detenidos en abril de 1995, luego del abordaje por las autoridades de su barco pesquero y la confiscación en él de 1.401 kilogramos de cocaína, la mayor cantidad jamás aprehendida en esa zona. Se trató de una publicitada operación conjunta de la DEA y la Policía Nacional.

Existen pocas dudas de que los acusados tenían la mercadería, ya que fueron atrapados con ella, pero la defensa argumentó que los pescadores habían hallado la cocaína flotando en el agua, la cargaron a bordo con la intención de entregarla a las autoridades y se disponían a hacerlo cuando fueron detenidos.

Impunidad

Las autoridades confiaban en que los acusados serían declarados culpables, e incluso horas antes del veredicto realizaron declaraciones a la prensa acerca de la incontrovertibilidad de las pruebas y el precedente que sentaría la condena. Sin embargo, se equivocaron.

La absolución de los acusados dejó pasmados a periodistas y funcionarios de gobierno. Bajo titulares que proclamaban ''impunidad", el diario La Tribuna de Nicaragua advertía: "Los narcotraficantes podrían intensificar sus redes en Nicaragua, poniendo en peligro la estabilidad del país, luego de que un jurado declaró inocentes a cinco acusados de narcotráfico".

Existen algunas señales de que la predicción del periódico podría volverse realidad. La estabilidad de Nicaragua, o al menos de su sistema judicial, está verdaderamente en peligro, no debido a los delincuentes, sino a autoridades desconfiadas de la "sabiduría del pueblo". El ex candidato presidencial Sergio Ramírez, del Movimiento de Renovación Sandinista, reclamó la creación de una "justicia sin cara" como en Colombia, donde existen jueces anónimos que juzgan sobre casos de narcotráfico. "Consideramos que los crímenes de narcotráfico deben ser considerados como delitos contra la seguridad del Estado y no deberían ser juzgados por jueces de conciencia, sino por tribunales de derecho", declaró Ramírez a la prensa.

Muchos jueces han adoptado una posición similar, no sugiriendo tribunales enmascarados, pero indicando, como lo hizo el juez Eduardo Boza, que en Panamá los jurados no atienden casos sobre drogas y en Nicaragua tampoco deberían hacerlo. El juez Germán Vásquez concordó, destacando que varios juristas se pronunciaron contra los juicios con jurado antes de que fueran establecidos por la ley. "Los legisladores no escucharon nuestra sugerencia y aquí están los resultados: los jurados no condenan por temor", expresó.

La afirmación de que el temor motivó la absolución en cuestión está generalizada pero no es del todo sincera, ya que ignora el escepticismo con que muchos nicaragüenses ven las intervenciones estadounidenses en el narcotráfico. Los nicaragüenses conocen mediante la prensa, por ejemplo, del caso de Blandon, así como que Blandon conduce alegremente un riquísimo negocio de exportación de madera bajo un nombre falso. También son conscientes de la devastadora invasión de Panamá que precedió a la campaña de Estados Unidos para obtener condenas a narcotraficantes.

El análisis también ignora otros aspectos de la realidad de Nicaragua que presentan un extraño parecido con la situación que en Estados Unidos dio lugar al fenómeno Blandon. Al igual que los clientes-víctimas de Blandon, los habitantes de Bluefields se encuentran entre los más pobres del país, son negros y sufren el racismo. Su práctica de buscar en las playas droga arrojada de los barcos para paliar su pobreza ha sido objeto de varios artículos e informes en los últimos años.

Aun la calificación del caso como ''el juicio del siglo" de Nicaragua hace recordar el juicio del futbolista estadounidense O.J. Simpson, en el cual el jurado se negó a condenar por doble homicidio a la estrella afroamericana, probablemente culpable, debido al descrédito de la autoridad promotora del caso, que probó ser corrupta y racista.

Este artículo fue publicado en Central America Report-5 (5 de setiembre de 1996) por Inforpress Centroamericana, Guatemala, y es reproducido con la autorización de sus editores.






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