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Saber Andino


No. 45 - Junio 1995

SABER ANDINO

La mujer del quinto mundo

por Mabel Flores (*)

El hombre moderno, en su ilusión intelectual y separatista, ha categorizado el mundo y hasta lo ha numerado. Ha dividido la tierra en mundos, edificándola de acuerdo a parámetros del anterior milenio, del que está finalizando. Así se habla del primer mundo, el segundo mundo, el tercer mundo. Al mundo indígena se le suele llamar el cuarto mundo. Entonces ahora los indígenas de todos los colores de piel queremos recordar la aparición de un quinto mundo, como síntesis de todos los anteriores pero, sobre todo, como síntesis de las cuatro razas anteriores que ya están dando a luz al hombre y a la mujer del quinto mundo.

Los Himalayas, con su energía masculina, rigieron el ciclo anterior. Mientras los Himalayas entran en un ciclo de sueño, van entregando el conocimiento a los Andes, cuya energía femenina regirá el nuevo ciclo. Todo lo que rigió el ciclo anterior es entregado a los Andes que, transformándolo, lo vuelven a poner vigente desde la otra polaridad.

Regina y el despertar del Norte

Para conocer esa historia, pedimos que venga Regina. Esta mujer nació el 21 de marzo de 1948 en México, y traía la misión de despertar el centro energético planetario del Norte, en América.

Regina nació de un matrimonio que no había podido concebir hijos. La pareja tomó contacto con un lama, que les dio este mensaje: tendrían una niña, pero debían llevarla a un monasterio del Tíbet donde recibiría una formación especial.

Luego de muchos años sin hijos, el embarazo significó un milagro para el matrimonio. Por eso ambos padres decidieron seguir las indicaciones del lama.

Regina fue formada por lamas tibetanos, hasta que el Tíbet fue invadido por China, y el convento donde vivía Regina con sus padres fue arrasado. La niña vio morir a sus padres a manos de los invasores. Pero el monje que se ocupaba de su educación la llevó a un valle en los Himalayas, donde continuó su formación por varios años.

Esta experiencia tan cruel también fue parte de la educación de Regina, además de las enseñanzas y la disciplina trasmitidas en lo cotidiano, en lo vital. El monje fue riguroso, pero la educó amorosamente y con humor. Esta etapa fue interrumpida, cuando ya en su adolescencia, Regina y su maestro fueron descubiertos nuevamente por los chinos, y la joven presenció la muerte de ese ser al que amaba profundamente.

Pero su maestro, que estaba conectado con el fluir de la energía, conocía de antemano su destino. Por eso antes de morir dio a beber un brebaje a su discípula que le produjo un debilitamiento total.

Cuando Regina, llena de ira, quiso invocar a las fuerzas de la naturaleza para que se volvieran contra los invasores, no pudo hacerlo.

Con esto el monje la protegió de la muerte y de su propia ira. Porque para cumplir con tan alta misión espiritual, Regina debía aprender en primer lugar a controlar su propia naturaleza. La joven fue llevada como prisionera a un convento en China. Allí conoció a un maestro chino que le enseñaría la música sagrada. Este monje era el jardinero del convento, pero en su profunda sabiduría conocía la misión de Regina y se sabía eslabón de la trama universal.

Con su nuevo maestro, Regina aprendió a tocar las campanas y también a desechar su odio indiscriminado hacia los chinos.

La música sagrada de las campanas es una vibración, que tocada en cierto lugar y de cierta manera, provoca vibraciones que despiertan centros energéticos del planeta.

Regina descubrió que todo el convento era en realidad una caja de resonancia, como un gran instrumento, y que las campanas al entrar en vibración con determinadas rejas, producían una vibración que despierta a la tierra.

Luego de un cierto tiempo, Regina fue informada por el monje que ya no podía continuar practicando su arte en el convento. La razón, que sorprendió a la joven, fue que su técnica podía conducir al despertar de China, que debía entrar en un sueño cíclico.

En México

Luego de ese período en China, Regina regresó a su lugar natal. En México entró en contacto con los guardianes de las cuatro tradiciones de México: los seres que conservan y llevan en sí la tradición. Junto a ellos y al testigo, Antonio Velazco Peña, Regina fue despertando los lugares sagrados del país. Las pirámides son lugares sagrados, que tuvieron un sentido aún no comprendido en profundidad por el hombre actual.

Intuitivamente, Regina fue encontrando las rutas sagradas, las arterias y las venas del planeta, para poner en circulación la energía.

En plena ciudad de México está el parque Chapultepec, precioso lugar que sobrevivió misteriosamente a la construcción de la ciudad más grande del mundo. Allí Regina descubrió una puerta dimensional, que permite atravesar la realidad cotidiana -que a veces creemos que es la única- para llegar a otras realidades.

La puerta dimensional la llevó por una ruta sagrada directamente al corazón del centro masculino que debía despertar en un volcán, el Popocatepec. En el mismo parque, la fuente de agua que servía de purificación a los emperadores aztecas, fue frecuentada por Regina y los guardianes. Desde la fuente, se dirigió por una nueva ruta, una de las avenidas principales de la ciudad, hacia el Zócalo. Allí Regina descubrió la catedral que era, como el convento de China, un instrumento de percusión. Las rejas que protegen la zona del coro y los órganos de la iglesia eran similares a las del convento.

El origen de las rejas es sorprendente: fueron llevadas a México desde la China, luego de ser fabricadas por alquimistas cuyos nombres quedaron perdidos en el tiempo. Los alquimistas, primeros químicos de la historia, trabajaban aleaciones de metales con fines sagrados. Esas rejas huecas, fueron hechas en una aleación que al entrar en vibración permitiría despertar un centro energético.

Simultáneamente al conocimiento de su misión, Regina fue formando centros de mexicanidad en el territorio del país.

Para la fecha indicada, por acción de Regina se congregó gente en el Zócalo, mientras ella tañía las campanas. Al entrar en resonancia con las rejas, mientras se pronunciaba la palabra México, se produjo el despertar del centro masculino, el volcán Popocatepec.

La volcana Iztaccihuatl

Quedaba pendiente la labor del centro femenino, la volcana Iztaccihuatl, la mujer dormida. Esta tarea debía cumplirse a través del silencio, pero el silencio de una multitud. Parecía imposible lograrlo, pero Regina, siguiendo la ruta sagrada femenina, logró reunir una multitud que se convocó ante el altar de Tlatelolco.

Aún quedaban cosas por descubrir para Regina. El centro femenino no despertó con esta acción. Al comprenderlo, desesperada perdió el conocimiento. ¿Por qué no despertó la energía femenina? Porque a través del ciclo que termina el olvido del hombre lastimó lo femenino y lo aletargó.

En el altar de Tlatelolco había existido en la antigüedad un altar dedicado a la deidad femenina. En una lucha de poderes, los sacerdotes del culto masculino profanaron el altar y lo sumaron al culto de la deidad masculina. Este hecho generó un gran desequilibrio. Regina, aletargada en su dolor, despertó por el zumbido de unas abejas. Los insectos le dieron a beber de una miel que le permitió recuperar la memoria. Así Regina recordó sus reencarnaciones anteriores y supo que había sido el emperador de los aztecas, Cuauhtémoc.

La tradición de los aztecas

El nombre México es un mantra sagrado en la tradición azteca y la serpiente y el águila son símbolos aztecas que hoy se mantienen vivos en la bandera, en la moneda y en gran cantidad de símbolos nacionales. Ese fue el signo por el cual fundaron la ciudad de México en medio de un lago: allí se mostró la fe de una cultura que tenía una realidad mucho más amplia que la razón. Contando con todo el territorio del imperio, en el momento de elegirse el lugar de emplazamiento de la capital, la aparición de un águila y una serpiente sobre el lago fue la señal que los aztecas respetaron.

Cuando llegaron los españoles, los aztecas se entregaron casi incomprensiblemente al conquistador. Tenían razones profundas para hacerlo. Ellos sabían que su civilización debía terminar; todas las profecías indicaban que la tradición azteca debía entrar en un profundo sueño hasta el nuevo ciclo y eran visibles los signos de la decadencia. Por lo tanto, convirtieron la lucha contra los conquistadores en un ritual en el que entregaron su vida para que el espíritu de México permaneciera intacto.

Al conocer su pasado y entender la decisión de Cuauhtémoc, Regina supo que sólo por medio de un sacrificio podía despertar la energía femenina del planeta.

Los mártires de Tlatelolco

El sacrificio como tal no es necesario para la evolución, pues ésta es individual. Sin embargo, ante un caso extremo, llega este mensaje de sacrificio que representa entregar la materia para que el espíritu continúe vivo. Se comprende que el sacrificio humano o de animales en rituales no es necesario. No existe ninguna deidad que pida sacrificios.

Regina recibió nuevos mensajes: debía elegir cuatrocientos mártires, es decir cuatrocientas personas que tuvieran esa cualidad. Un mártir es quien puede entregar su vida sin esperar nada a cambio, ni siquiera el cumplimiento del objetivo por el cual muere. Además asume una responsabilidad muy importante con su verdugo, porque debe amarlo y debe darle una mirada de amor verdadero en el momento de la muerte para cortar la cadena de odio y violencia.

Claro que no era fácil encontrar cuatrocientos seres de esa calidad, pero ella lo logró.

En el encadenamiento de acontecimientos Regina y los mártires se reunieron en una manifestación pública en Tlatelolco. En apariencia se trataba de una lucha política y social, pero dentro de la multitud estaban los mártires. Regina debía probar la calidad de mártir de cada uno de ellos. Pocos minutos antes de morir, eran 399. Faltaba uno y Regina les dijo: "Si no son 400 será en vano el sacrificio". Todos decidieron igualmente ofrendar su vida, con lo cual demostraron su verdadera calidad de mártires. En el último minuto apareció el que faltaba y se desató la represión. En la llamada Masacre de Tlatelolco, en el año 1968, murieron los cuatrocientos mártires y Regina. El testigo, Antonio Velazco Peña, permaneció vivo para contar al mundo esta historia.

El vio morir a Regina y se fingió muerto. Fue llevado en el mismo camión con los muertos.

Pocos días después, el testigo fue a ver a la volcana y comprobó que había despertado, pues al igual que el Popocatepec, está en actividad. Así se produjo el despertar del centro energético del Norte.

La energía de América del Sur

Pero el flujo energético no llegaba al Sur, pues se interrumpía en el Canal de Panamá. En 1989, el Dalai Lama viajó a México y gracias a sus oraciones, rezos y mantras en la catedral, logró restaurar el quiebre energético. La energía llegó entonces al Sur, cuyo centro es el Machu Pichu y toda su zona aledaña.

En el Norte la predominancia es masculina; en el Sur, es femenina. Por eso si observamos costumbres de las civilizaciones ancestrales de América, veremos que la danza aguerrida y activa es del Norte, mientras la del sur es más tranquila, más pasiva.

Esta zona despierta entre los años 89 y 90 y está produciendo cambios de los cuales somos partícipes.

Cuando hablamos de la "mujer del quinto mundo" nos referimos a esta mujer que nace como síntesis de las cuatro razas, de los cuatro mundos. Esta mujer que trae como misión a la Tierra, el despertar, la espiritualidad, el recordar la belleza, el revalorizar la intuición, la creatividad y los valores de la transformación. Debe ayudar a su compañero a despertar, ya que el hombre necesita esta fuerza que la mujer le brinda.

La mujer del quinto mundo es protagonista anónima o no de este nuevo planeta que está naciendo, de este nuevo ser que está naciendo dentro de todos nosotros, y de la felicidad, que debe estar en cada una de nuestras células para favorecer la evolución.

No hemos venido al planeta para resolver qué profesión vamos a tener, o cómo ganamos más dinero. Esos son elementos necesarios, pero no suficientes para comprender el objeto de nuestra existencia. Como seres concretos que somos, precisamos de la materia alimentada, vestida, protegida, en un lugar digno y sano donde habitar.

Pero satisfechas esas necesidades, es imprescindible comprender nuestra esencia divina. Y esto se da a todo nivel: quien comprende la trama sagrada será mejor gobernante, será mejor economista, será mejor agricultor, mejor padre y mejor madre. Irá desarrollando el potencial y siendo aquello para lo cual hemos venido, es decir, verdaderos seres humanos.

Estas historias conmovedoras las protagonizamos como seres libres, porque siempre existe la libertad de aceptar o no el camino que estamos recorriendo: el libre albedrío es un regalo que el hombre ha recibido.

(*) La autora es integrante y educadora del Movimiento Pachamama Universal, con sede en Cochabamba, Bolivia, desde dónde nos hizo llegar este relato.


Energía y espiritualidad natural

La tierra es un cuerpo igual al cuerpo humano. Así como en nuestro organismo tenemos centros energéticos que coinciden con centros orgánicos de gran importancia para el funcionamiento corporal, el planeta -que también es un ser vivo- tiene centros de energía importantísimos, que equivalen al corazón, al hígado, los pulmones y los intestinos del planeta.

Durante lo que llamamos el ciclo anterior, el planeta estuvo regido energéticamente por los Himalayas, esa cadena montañosa de polaridad masculina. Ese centro energético rigió la espiritualidad natural del planeta.

La necesidad que tiene el ser humano de conectarse con la fuente creadora, no a través de otros seres que le sirvan de intermediarios, sino a través de su propio sentir y observar, a eso se le llama espiritualidad natural. Si observamos la belleza de una flor, comprendemos que allí reside un profundo misterio. En algo tan simple como su perfume, su aroma, su forma y su color. Es un milagro, al que llamamos la sonrisa de la Pachamama.

La conexión con una flor, con la luz, con la energía de un árbol, con el fluir del agua en un río, en el mar o en el océano, nos va permitiendo comprender esa energía que somos todos: agrupados los átomos de diferente manera, con formas distintas, pero todo está vivo y todo ese organismo es el planeta Tierra.

No es necesario ir un día a la semana a un lugar especial, a una iglesia, para encontrarse con Dios. Dios, la energía creadora, está en este encuentro, está en la estrella, en el infinito, en ese árbol, que es un maestro.

No necesitamos ningún intermediario para darnos cuenta de que el fuego es un comunicador con el Gran Espíritu: sólo basta invocarlo, y observarlo para que nos enseñe el arte de la transformación: le entregamos algo concreto -una rama seca- y la sutiliza, la transforma en algo sutil. El fuego nos enseña que también nosotros podemos sutilizarnos, espiritualizarnos y ser más abiertos para comprender.

Femenino y masculino

Los Himalayas, entonces, rigieron energéticamente la vida del planeta, aun para quienes no creen en la espiritualidad natural. Los Himalayas tienen una polaridad masculina, por lo que provocaron que todo lo masculino prevaleciera.

Tanto en hombres como en mujeres, en toda la Naturaleza, cada átomo tiene permanentemente las dos energías, masculina y femenina, entretejiéndose maravillosamente para dar lugar a cada una de las actividades e instancias de nuestra vida. En algunos seres predomina la energía femenina y en otros la masculina, pero en todos existen ambas.

La polaridad masculina favorece todo lo que sea activo. Por ejemplo, en el acto de sembrar la tierra, la energía masculina es la que va a abrir el surco, y va a dar la fuerza con que la semilla se abre. La femenina es la que permite la transformación de la semilla. Se dice habitualmente que la energía masculina es la que posee el conocimiento en acción; y la femenina es la que produce la transformación. Entonces lo masculino, que es la fuerza del intelecto, predominó en el ciclo planetario anterior. Así se explica el patriarcado, el hombre exitoso, la mujer relegada a ciertos planos de la actividad y de la vida.

Pero la vida integral del planeta se revierte, porque todo es cíclico, como las estaciones .Los Himalayas adormecen paulatinamente esa energía para dar paso a la energía de los Andes, la única cadena montañosa que magnetiza el planeta de polo a polo. Los Andes tienen una predominancia energética femenina, por lo que favorecen el desarrollo de la creatividad, la pasividad creativa, la intuición.

Esta polaridad femenina actúa sobre todos los seres. No es casual que se vaya manifestando en todos los planos esta necesidad de la creatividad, esta vigencia más revalorizada de la intuición y de los aspectos transformadores y protectores.

El ciclo de los Andes

Con la espiritualidad regida por la energía femenina de los Andes, se favorece la comprensión sin intermediarios: que cada uno sea su propio sacerdote para comunicarse con el Gran Espíritu.

Este fenómeno era conocido para los indígenas de sabiduría, así como para todas las espiritualidades naturales -como la oriental- que en sus profecías se refirieron a estos tiempos, mencionando incluso un hecho que iba a marcar la apertura de este nuevo ciclo: el Premio Nobel de la Paz otorgado a una mujer indígena, Rigoberta Menchú.

Este hecho fue casi simultáneo al comienzo del tercer milenio y a los 500 años de la conquista de América por los europeos.

El nuevo ciclo se manifiesta en hechos externos e internos. Si estamos atentos a nosotros mismos observaremos cómo estamos más serenos en la acción, cómo la intuición comienza a despertar y la creatividad necesita manifestarse. Es importante navegar a favor de esta fluidez energética, pues en realidad todos nos estamos transformando.

Por otra parte, desde el universo recibimos una energía diferente. La capa de ozono semidestruida -por la incoherencia del hombre del ciclo anterior- tiene su aspecto positivo, pues permite que entre al planeta la energía solar y de todo el universo de una manera más potente. Esta energía también favorece nuestra mutación junto con el planeta.

No es casual que cada vez más necesitemos encontrar el sentido de nuestra vida. Esto es descubrir una conexión verdadera con la fuente de la energía universal. Llamémosle desde lo indígena Gran Espíritu, Inti Jinti, Sol de Soles, Energía Creadora, el nombre que queramos darle. Al conectarnos con esa energía comprendemos que nuestro paso por el planeta no es casual: ¿qué hemos elegido -voluntariamente- los seres humanos con este vestuario, en este momento, en este lugar en el que cada uno está? Cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir: hemos venido a la tierra para aprender, pues la tierra es una escuela. Al comprender, vamos evolucionando.

(M. F.)




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