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Tema de tapa


No. 113/114 - Marzo/Abril 2001

Tratamiento genético en la ensalada

La modificación genética de un virus con el objetivo de que elimine insectos que son plaga sirve también para transferir genes a células humanas. El profesor Joe Cummins señala una gran fisura en la reglamentación de bioseguridad.

¿Las autoridades encargadas de regular la bioseguridad saben que actualmente se realiza la modificación genética de un virus para controlar enfermedades de plantas y a la vez para que sirva de vector o transportador genético en terapias genéticas humanas? Se trata del baculovirus, un virus que se pensaba infectaba sólo a insectos pero que se ha descubierto que se introduce en todo tipo de células de mamíferos, incluidas las de los seres humanos. Los trabajadores rurales que rocían los cultivos con baculovirus como forma de controlar plagas, y quienes comen esos cultivos sin lavarlos debidamente, pueden también sufrir una modificación genética.
Nunca se ha hecho una descripción de las plagas que infectan y provocan síntomas de enfermedad tanto en células vegetales como humanas. Y sin embargo, se sabe que los virus que infectan y matan lentamente a los insectos también infectan a los seres humanos, aunque en éstos los síntomas no se manifiestan. Sin embargo, cuando el virus es modificado genéticamente para erradicar plagas de insectos, puede causar síntomas de enfermedades en los cultivos en los que se aplica o en quienes los ingieren. El baculovirus manipulado genéticamente para el control de insectos y para terapia genética humana ha demostrado que es genéticamente inestable y propenso a recombinación y supresión a una frecuencia elevada. Esa inestabilidad genética, que ha sido reiteradamente señalada por quienes estudian los virus, juega con ellos como si jugara con explosivos.

El baculovirus natural, por el contrario, es muy estable y puede permanecer en el ambiente en estado latente durante años antes de infectar insectos. El virus sólo tiene un potencial letal relativamente bajo y es de acción lenta. Cuando al virus se le agrega un gen de una toxina potente como la del escorpión o un gen que afecta una hormona juvenil, eso le confiere un poder de aniquilación más rápido y son menos los insectos que sobreviven a la infección.

Se han realizado numerosas pruebas de campo de virus transgénicos rociados en cultivos, a pesar de la protesta de la gente. Poco tiempo después de que se hubiera producido el virus transgénico para el control de plaga, se descubrió que el baculovirus es capaz de infectar células hepáticas humanas y que produce una toxicidad relativamente leve en las células infectadas. Por esa razón se crearon vectores de baculovirus para tratar enfermedades del hígado, ya que transfieren eficientemente genes a las células hepáticas humanas. Y pronto se crearon vectores de baculovirus para transferir genes al cerebro humano.

El hecho de que el baculovirus puede infectar el hígado o las neuronas humanas parece haber sido ignorado por quienes modificaron el virus para el control comercial de plagas. Ha habido una gran presión para acelerar la aprobación de los baculovirus transgénicos para el control de plagas, especialmente en Estados Unidos y Canadá, donde se ha utilizado a la población como cobayas de los cultivos transgénicos. Los impactos ecológicos de los insecticidas con baculovirus recombinante se han centrado en el baculovirus que contiene toxina de escorpión, porque ha sido la fórmula más ampliamente utilizada. Los impactos en otros insectos que no son el objetivo son simplemente extrapolados de la comprobación de efectos en insectos de filogenia emparentada, una práctica plagada de fallas, ya que simplemente agregar y suprimir genes puede cambiar el rango del huésped del baculovirus resultante, de formas impredecibles. Además, los baculovirus recombinantes demostraron ser muy persistentes y capaces de remodelar todo un ecosistema.

Las toxinas de escorpión utilizadas con el baculovirus recombinante han sido seleccionadas para evitar toxicidad en los humanos y, en lo posible, en los animales que no son el objetivo. Sin embargo, todavía no se ha investigado la potencialidad alergénica y otros efectos perniciosos en la infección hepática humana. Los baculovirus recombinantes también han sido construidos con otros genes, como los que codifican para las toxinas del Bacillus thuringiensis (Bt), que se sabe provocan reacciones alérgicas en seres humanos y también son nocivos para las ratas.

En conclusión, los vectores de baculovirus también están siendo utilizados en terapia genética del hígado y el cerebro humano. Parece que esos campos de investigación existen aisladamente y los riesgos de uno no son evaluados en el contexto del otro. Es posible que estemos siendo sometidos a un tratamiento genético del hígado o el cerebro con la ensalada que ingerimos, sea que lo precisemos o no.


Segunda generación de cultivos transgénicos

La primera generación de cultivos transgénicos no sólo ha sido decepcionante en términos de sus retornos agronómico y económico, sino que también ha fracasado en cuanto a concitar apoyo público para los cultivos transgénicos. Como consecuencia, la industria agrobiotecnológica ha cambiado de dirección y espera granjearse aceptación pública con su nueva colección de cultivos. A diferencia de la primera generación, que supuestamente brindaría beneficios al productor, los cultivos de la segunda generación prometen estar diseñados teniendo en cuenta al consumidor, dirigidos a lo que se denominan "alimentos funcionales". En términos generales, se trata de productos que supuestamente traen un beneficio para el consumidor, ya sea en cuanto al sabor, el valor nutritivo o como un sistema de administración de fármacos. Los alimentos funcionales, como barras de chocolate con ginseng, ya están a la venta en Europa y Estados Unidos. Hasta ahora, la "función" extra se ha agregado durante el procesamiento y no como un resultado de la manipulación genética, pero esto está por cambiar en breve.

Los grandes gigantes de la agrobiotecnología –como Syngenta (la empresa formada en noviembre de 2000 de la fusión de Novartis Agribusiness y Zeneca Agrochemicals), Monsanto y Aventis- están realizando fuertes inversiones en los alimentos funcionales. Su agenda es clara. Daniel Vasella, presidente y director de Novartis, hace eco de las expectativas de toda la industria en su idea de que "los beneficios tangibles para el consumidor podrían revertir el debate sobre los alimentos transgénicos". Algunos de los alimentos funcionales más ambiciosos proyectados son los que tienen aplicación farmacéutica. Son cada vez más las empresas que comenzaron a manipular genéticamente plantas para producir proteínas terapéuticas que serían utilizadas como fármacos o vacunas. Hasta ahora se han utilizado cultivos de células de mamíferos y microbios como "biorreactores" para producir esas proteínas terapéuticas, que generan más de 18.000 millones de dólares de ventas combinadas por año, una cifra que tiene una proyección de aumento de 20 a 30 por ciento en esta década. El atractivo de los sistemas basados en plantas es que presentan una buena estabilidad genética, su desarrollo es más barato y su producción comercial es más fácil.

(Fuente: GRAIN – Acción Internacional por los Recursos Genéticos)




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