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No. 175 - Diciembre 2003

América Latina

La vulnerabilidad de la región frente al libre comercio

por Denise Gorfinkiel y Eduardo Gudynas

La visión tradicional de los acuerdos de libre comercio ha olvidado considerar los riesgos y vulnerabilidades que enfrentan los países de América Latina. Los que dependen excesivamente de la exportación de recursos naturales, mantienen altos niveles de pobreza o carecen de una fuerte gestión ambiental son más vulnerables a los impactos negativos de la apertura comercial.

La actual propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) profundiza un estilo de desarrollo basado en exportaciones. En la reunión ministerial del ALCA realizada en noviembre en Miami todos los gobiernos y buena parte de los académicos compartieron el optimismo de que ese tipo de inserción comercial desencadenará crecimiento económico, aumentará el empleo y reducirá la pobreza. Frente a esas ideas, muchas organizaciones sociales, sindicales y algunos investigadores han alertado que ese modelo simplista termina generando mayores asimetrías, no permite remontar el desempleo, desencadena fuertes impactos ambientales y, en muchos casos, está ligado a sectores exportadores que dejan pocos beneficios a escala nacional. En realidad, esa inserción internacional depende cada vez más de la exportación de materias primas, tales como minerales, hidrocarburos, productos agrícolas, forestales y pesqueros, revelando un patrón cada vez más parecido a las épocas coloniales.


En la reunión ministerial del ALCA en Miami se insistió en los aspectos positivos de los tratados de libre comercio. Por ejemplo, la ministra de Relaciones Exteriores de Chile, Soledad Alvear, dijo en declaraciones a la agencia de noticias IPS: “Una de las razones por las que Chile está en el ALCA es, precisamente, porque estamos convencidos -y la experiencia chilena así lo refleja- que los procesos de apertura significan crecimiento para los países”. La ministra agregó que ese “crecimiento posibilita políticas sociales que permiten superar la situación de pobreza”. En el mismo sentido se expresó el ministro de Economía de México, Fernando Canales, quien afirmó que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha sido “positivo para la economía de México”.


Sin embargo la información disponible, analizada con atención, apunta en sentido contrario. Chile ha incrementado la desigualdad y mantiene un núcleo duro de pobres, mientras sus exportaciones rondan en un 90 por ciento de recursos primarios. En el caso del TLCAN, en la reunión de Miami se distribuyó un resumen de un estudio del Carnegie Endowment for International Peace que demuestra que ese acuerdo no ha generado nuevos empleos en México, los salarios reales no han crecido y se han generado algunos impactos ambientales negativos.


Podríamos preguntarnos, entonces, cuál es la vulnerabilidad de los países latinoamericanos bajo este esquema comercial que promueve el ALCA. O en otras palabras: ¿cuál es la vulnerabilidad de cada país si el ALCA tiene éxito y se avanza por el camino de la desregulación comercial? Para evaluar estos problemas se presentó en la reunión ministerial de Miami una nueva versión del Índice latinoamericano de vulnerabilidad ante el libre comercio (IVLC).


Bajo este nuevo indicador, el país con el mayor riesgo es Nicaragua, seguido por Ecuador y Honduras, mientras que los de menor riesgo son Uruguay y Costa Rica. El indicador es más amplio que las visiones tradicionales, ya que incluye aspectos económicos pero, además, incorpora los sociales y ambientales. Pero también tiene una lógica distinta, en tanto considera las capacidades de cada país de amortiguar los impactos negativos del libre comercio, o bien sus vulnerabilidades frente a sus efectos negativos.


Por ejemplo, la visión economicista tradicional sólo está interesada en los ingresos que se obtienen por exportaciones, en muchos casos independientemente de la naturaleza de los bienes exportados. El nuevo indicador atiende especialmente a la proporción de bienes primarios, los que usualmente generan poco empleo, poseen un valor agregado limitado y, además, están asociados a altos impactos ambientales. Eso explica la paradoja de algunos países donde las exportaciones siguen aumentando pero no se solucionan las dificultades del empleo. En efecto, el ALCA podría acentuar todavía más el proceso de “reprimarización” de América Latina e incluso podría entorpecer los intentos de industrialización de algunos países. La visión tradicional siempre ve las exportaciones de los commodities como un aspecto positivo, mientras que en el nuevo indicador de vulnerabilidad se considera que al aumentar su proporción en las ventas totales, también se incrementan los riesgos.


También se reconoce que las exportaciones basadas en productos primarios tienen alto impacto ambiental y social. Existen muchos ejemplos en todo el continente, como la extracción de petróleo para exportar sin generar riqueza genuina a las poblaciones locales y, por el contrario, contaminando el ambiente y degradando el estilo de vida. El ALCA carece de restricciones e instrumentos para imponer condiciones sociales y ambientales al comercio, y por el contrario, las exigencias económicas contenidas en la propuesta de ese tratado pueden prevalecer sobre las regulaciones nacionales en materia social, laboral y ambiental. Este hecho contribuye a fundamentar que una mayor dependencia de exportaciones de bienes primarios podría ser una ventaja económica, pero también aumenta la vulnerabilidad social y ambiental.


Mientras la visión tradicional no considera los impactos sociales y ambientales, y usualmente es indiferente a la cualidad de las exportaciones, el nuevo indicador de vulnerabilidad incorpora esos aspectos. Por lo tanto allí donde la “economía tradicional” identifica ventajas, en la perspectiva del nuevo indicador en realidad nos enfrentamos con debilidades que pueden desembocar en nuevos problemas sociales, ambientales y económicos.


Bajo esta perspectiva, el Indice de vulnerabilidad frente al libre comercio encuentra que entre los 10 países más vulnerables, ocho corresponden a países donde el peso de las exportaciones en la economía es alto o muy alto, con una fuerte proporción de exportación de productos primarios (minerales, hidrocarburos, agrícolas, forestales, etc). En la mayoría de los países las exportaciones de productos primarios alcanzan más del 67 por ciento, pero en algunos, como Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Panamá, representan más del 85 por ciento.


El índice compara un país contra otro dentro de América Latina, y por lo tanto no ofrece una medida absoluta. Está basado en un conjunto de 12 variables económicas, ambientales y sociales, entre las que se cuentan, por ejemplo, las áreas protegidas, la población urbana bajo línea pobreza, el gasto social, las exportaciones de productos primarios o la balanza de pagos como porcentaje del Producto Interno Bruto.


Las economías más pequeñas, como las centroamericanas, enfrentan los mayores riesgos económicos, sociales y ambientales en las negociaciones del ALCA. Sin embargo, el actual borrador del acuerdo no ofrece mecanismos de amortiguación y compensación ante estos riesgos. Para complicar aún más las cosas, entre los cinco países con el mayor riesgo, cuatro de ellos están negociando separadamente otros acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, o lo harán en el futuro próximo: Nicaragua, Honduras y Guatemala lo hacen en el Tratado de Libre Comercio Centroamérica-Estados Unidos, mientras que se acaban de anunciar futuras negociaciones con Ecuador.


El Indice de vulnerabilidad frente al libre comercio permite apreciar las vulnerabilidades no sólo frente al ALCA sino frente a estos otros acuerdos, los que repiten obligaciones y regulaciones comerciales semejantes. Este tipo de informaciones demuestra que los representantes gubernamentales y empresariales que en la reunión ministerial del ALCA en Miami insistieron una y otra vez en los potenciales beneficios de un área de libre comercio continental, poco han avanzado en atender los riesgos potenciales de esta propuesta.


Es obvio que las asimetrías entre las diferentes naciones que negocian el ALCA hacen indispensable que, en lugar de una visión dogmática basada en los potenciales beneficios del comercio, se deben generar medidas concretas para evitar los efectos negativos. Estos acuerdos implican negociaciones asimétricas, donde no es posible predecir todos los impactos o beneficios y, por lo tanto, se deben generar instituciones y mecanismos que puedan amortiguar los efectos negativos. Casi nada se ha avanzado en ese sentido y varias secciones de la propuesta actual del ALCA impiden esas medidas en tanto se interpretarán como “barreras al libre comercio”. Pero esas son las tareas esenciales que se deben enfrentar.


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D. Gorfinkiel y E. Gudynas son investigadores en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad - América Latina). Los estudios sobre vulnerabilidad están disponibles en: www.integracionsur.com





Indicador de vulnerabilidad

1. Nicaragua 0.694  
2. Ecuador 0.598  
3. Honduras 0.566  
4. Paraguay 0.562  
5. Guatemala 0.548  
6. El Salvador 0.539  
7. Bolivia 0.528  
8. Rep.Dominicana 0.523  
9. Venezuela 0.505  
10. Perú 0.489  
11. Panamá 0.481  
12. Chile 0.456  
13. Argentina 0.409  
14. Colombia 0.408  
15. Brasil 0.401  
16. México 0.386  
17. Costa Rica 0.318  
18. Uruguay 0.311  




La escala del índice es de 1 (mayor vulnerabilidad) a 0 (menor vulnerabilidad).

 




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