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No. 115 - Noviembre 1998

Japón

Ayuda logrará más que estímulos fiscales

por Chakravarthi Raghavan

El programa de ayuda por 100.000 millones de dólares que Japón concederá a los países asiáticos afectados por la crisis, hará más por la recuperación mundial que un programa de estímulo fiscal, se anunció el 20 de octubre en un comunicado de prensa de la UNCTAD.

Con la publicación del resultado de un ejercicio de simulación de varios escenarios, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) se pronunció a favor de las recientes medidas adoptadas en Japón, en especial el Plan Miyazawa, un programa de estímulo del mercado interno, así como los intentos por resolver las fallas estructurales del sector financiero.

En un comunicado de prensa emitido el martes 20 de octubre junto con un documento técnico de simulación de escenarios, la UNCTAD expresó que el programa de ayuda por un valor de 100.000 millones de dólares para el periodo 1998-2000 que Japón concedería a los cinco países de Asia afectados por la crisis podría agregar unos 380.000 millones de dólares a la producción mundial en esos tres años y aumentará sustancialmente los niveles de actividad no sólo de Asia y Japón sino también de Estados Unidos y Europa.

La repercusión de ese programa de ayuda japonés, expresó la UNCTAD, será mucho mayor que si se aplicara un programa equivalente dirigido a la creación de un estímulo fiscal interno.

El documento de la UNCTAD brinda un análisis preliminar de la posible contribución que el programa de ayuda japonés haría a la recuperación mundial, y se basa en un ejercicio de simulación realizado conjuntamente con Akira Onushi, profesor de la Universidad Soka. Su conclusión final va en apoyo del Plan Miyazawa de 30.000 millones de dólares, revelado por el ministro de Hacienda japonés, Kiichi Miyazawa, en vísperas de las recientes reuniones en Washington del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

El modelo de simulación de la UNCTAD demostró que como consecuencia de la crisis financiera asiática el mundo en desarrollo en su conjunto sufrió una pérdida del crecimiento de la producción de 0,3 por ciento en 1997, y se anuncia que será del 2,7 por ciento en 1998, del uno por ciento en 1999, y del 1,6 por ciento en el 2000.

Para los países directamente perjudicados, la pérdida de 1998 es significativamente más elevada -18 por ciento para Indonesia, 8,1 por ciento para Corea del Sur, 13,6 por ciento para Tailandia. Las consecuencias de la crisis para esos países continuarán en la misma proporción hasta el 2000.

El Plan Miyazawa, un programa de ayuda a los países asiáticos a partir de fondos exclusivamente japoneses, no recibió gran apoyo de Estados Unidos ni de la Unión Europea, que habían presionado a Japón para que aplicara una política directa de estímulo fiscal interno con miras a generar en el mercado interno japonés una demanda de bienes y servicios de Estados Unidos y la Unión Europea.

"Si se le dan directamente 100 dólares a un consumidor japonés", explicó Akyuz, "gastará una proporción menor de esa suma para la compra de mercancías europeas y estadounidenses que si se le dan esos 100 dólares a Indonesia y Malasia. El aumento del consumo en esos países y lo que importarían de Japón ofrecería mayor estímulo y tendría consecuencias más importantes sobre Japón, Estados Unidos y la Unión Europea".

Pero el programa de ayuda, según Yilmaz Akyuz, autor principal de los informes anuales de la UNCTAD sobre comercio y desarrollo, y director de las Políticas Macroeconómicas y de Desarrollo de dicho organismo, debe ofrecerse a los países de Asia afectados por la crisis (Indonesia, Corea del Sur, Filipinas y Tailandia).

Para lograr efectos de estímulo mundial, dicho programa debe ir en apoyo de las balanzas de pagos de los países y financiar las actividades de importación e inversión -y no para pagar a los acreedores extranjeros, como sucedió en el caso de los programas de rescate del FMI, añadió.

Al recuperar el crecimiento de los países afectados, la ayuda provocará un aumento de la demanda que beneficiará a la industria japonesa, y a su vez la recuperación de la actividad del Japón redundará en un efecto positivo para Estados Unidos y la Unión Europea.

La repercusión sobre estas economías tendrá el doble de los beneficios que acarrearía un programa de estímulo fiscal interno en Japón, y podría reducir la carga del ajuste mundial sobre la posición en materia de pagos de Estados Unidos, reduciendo así las presiones proteccionistas sobre el sistema multilateral de comercio, argumenta la UNCTAD.

Poco después del estallido de la crisis financiera asiática, se propuso crear un fondo asiático de 100.000 millones de dólares con las contribuciones de Japón y otros países industrializados como forma de ayudar a los países perjudicados por la crisis. Pero esta iniciativa no contó con el respaldo de otros países industrializados ni del FMI, que según informes posteriores de los medios de prensa estadounidenses había apoyado inicialmente el plan japonés, pero luego debió abandonarlo como consecuencia de las presiones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Al final, Japón contribuyó con 40.000 millones de recursos financieros a la región, incluidos 28.000 millones en financiamiento a largo plazo, gran parte de lo cual volvió a las arcas japonesas, pues se destinó al pago de las deudas con bancos de ese país. En el Informe sobre Comercio y Desarrollo de 1998, la UNCTAD ya había sugerido que un programa de ayuda japonés a los países asiáticos contribuiría mucho más a la recuperación y el aumento de la producción mundial que los diversos planes de estímulo fiscal interno que se querían imponer en Japón (por Estados Unidos y la Unión Europea).

Si bien en dicho informe la UNCTAD había advertido acerca de la amenaza de una recesión, la crisis rusa que comenzó después de la preparación del informe y la subsiguiente inestabilidad de los mercados financieros tanto de los principales países industrializados como de los mercados emergentes sugiere que, aun cuando todavía no es una realidad, la posibilidad de una recesión mundial parece más cercana, y más lejana la de una recuperación.

Como la segunda economía del mundo en términos de PIB y como el mayor acreedor en términos de activos exteriores netos, Japón puede hacer un contribución decisiva a la recuperación económica de Asia oriental, así como a la economía mundial en su conjunto, se dice en el documento de la UNCTAD.

El ejercicio de simulación, realizado antes de que se diera a conocer el Plan Miyazawa, compara el efecto que tendría durante el periodo 1998-2000 una expansión fiscal interna de Japón, con los efectos asociados a un aumento del apoyo a largo plazo a las economías asiáticas afectadas siguiendo los lineamientos del Plan Okita de la década del 80 para reciclar parte del superávit japonés y dirigirlo a los países muy endeudados, como forma de acelerar su recuperación.

El modelo de simulación refleja la interdependencia de los países en cuanto al comercio y otros vínculos. El escenario base del efecto sobre los países afectados demuestra una caída de la producción para 1998 del 12 por ciento en Indonesia, el seis por ciento en Corea del Sur y el ocho por ciento en Tailandia.

El modelo de simulación compara los efectos de un programa de estímulo fiscal interno de 100.000 millones de dólares a través de una reducción permanente de los ingresos fiscales personales y empresariales en la última mitad del año fiscal 1998 de Japón, con un programa de ayuda adicional similar de 100.000 millones de dólares de Japón a los países asiáticos más gravemente afectados, que se entregaría escalonadamente durante el periodo 1998-2000 de la siguiente manera: 50.000 millones de dólares en 1998, 30.000 millones en 1999 y 20.000 millones en el 2000.

Una parte importante del programa de ayuda iría para Indonesia y Corea del Sur: 32 por ciento y 48 por ciento respectivamente en 1998, 20 y 38 por ciento en 1999, y 12 y 27 por ciento en el 2000. Malasia, Filipinas y Tailandia recibirían respectivamente cinco, cuatro y 11 por ciento de los 50.000 millones de dólares de 1998, 12, seis y 24 por ciento de los 30.000 millones de 1999, y 23, ocho y 30 por ciento de los 20.000 millones del 2000.

Las consecuencias de la ayuda japonesa adicional sobre el crecimiento de la economía mundial son considerablemente más potentes que las de un estímulo fiscal interno de igual magnitud, dice el informe de la UNCTAD.

En términos acumulativos, el volumen agregado al crecimiento mundial es un tercio mayor en el escenario con el programa de ayuda que en el escenario con el estímulo fiscal. Mientras que las ganancias que se obtendrían en materia de crecimiento para los países afectados por la crisis serían considerablemente mayores. Para Corea del Sur, los efectos acumulativos de la ayuda sobre el crecimiento para el periodo 1998-2000 se sitúa por encima del 10 por ciento. En los países del sudeste asiático, el programa de ayuda agrega más del 17 por ciento al crecimiento acumulativo, con su mayor repercusión en India, donde el marco hipotético de referencia muestra una disminución considerable del crecimiento en comparación con el periodo previo a la crisis.

En cuanto a los efectos en otros países, dice la UNCTAD, el modelo de simulación demuestra que el programa de ayuda favorece mucho más el crecimiento en la mayoría de las demás regiones y países que el programa de estímulo fiscal, más aún para Estados Unidos y la Unión Europea. Según la UNCTAD, si bien los efectos a corto plazo de un estímulo fiscal en Japón serían mayores que los de un programa de ayuda, es menos claro que esto se cumpla para el mediano plazo.

Una recuperación cíclica provocada por un estímulo fiscal generaría nuevos ingresos al gobierno y ayudaría a cubrir parte de los déficit iniciales. Pero para evitar aumentos permanentes de la deuda del sector público y reiterados déficit sería necesario que Japón adoptara medidas para aumentar los ingresos fiscales discrecionales o para reducir el gasto, o ambas, lo cual podría revertir gran parte del anterior aumento de las ganancias.

La experiencia del programa presupuestario anterior de Japón avalaría esta conclusión.

Los diversos programas de gastos fiscales que comenzaron en 1995, finalmente produjeron un abrupto aumento del crecimiento en 1996, pero cuando se hizo el intento de recuperar el equilibrio fiscal a través de un aumento de la aplicación de impuestos en 1997, el nivel de actividad disminuyó.

El efecto de contracción que tuvo la política fiscal de 1997, según el indicador fiscal de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), fue del 1,7 por ciento del PIB. El intento de recuperar el equilibrio fiscal desempeñó un papel sustancial en el debilitamiento actual del crecimiento de la producción de Japón. Pero mantener el nivel de gastos alcanzado en 1996 resultó también insustentable a mediano plazo.

No obstante, dice la UNCTAD en su documento, como dejó de manifiesto el Informe sobre Comercio y Desarrollo, la causa subyacente de la disminución de la tendencia de la tasa de crecimiento de Japón fueron sus problemas estructurales en los sectores industrial, financiero y de servicios, y la continuada política de Japón de apostar a las exportaciones para alcanzar el crecimiento. "Si bien promueven una recuperación cíclica, los programas de estímulo a la demanda interna no tienen probabilidades de recuperar de manera permanente el crecimiento en Japón. Cualquier recuperación sostenida debe ir acompañada de una respuesta a los problemas estructurales del país".

Por lo tanto, una estrategia adecuada para Japón debe combinar un estímulo fiscal temporal con la ayuda a los países asiáticos en crisis y con reformas estructurales. En el corto plazo una ayuda a Asia que apunte al estímulo fiscal ayudaría enormemente a superar las dificultades de la región. Pero a más largo plazo, la aplicación de reformas estructurales tendrían efectos positivos mucho más potentes, que permitirían que Japón aumentara su orientación al gasto privado interno para lograr el crecimiento y para contribuir a la demanda mundial.




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